Cosas que escribí ayer, cosas que escribo hoy, cosas que podría escribir mañana. Cosas que la gente de un pequeño pueblo en las faldas de una montaña no quiere oír y que la gente de la ciudad no tiene tiempo para escuchar. Pequeños gritos, aullidos de dolor y de locura, de lo que me pasa por dentro, que no lo entiendo ni yo. Y todo aquí, para vosotros, como si me hubiera abierto el pecho y pudierais registrarmelo de arriba a abajo.
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