lunes, 11 de junio de 2012

Una herida y un remiendo.

Hoy, ha besado a otra.
Sí, la ha besado.
Cuenta que han sido cuatro besos tontos. Que ya no quiere más.
Pero la ha besado.
Sí, hoy a besado a otra. 
Pero podría habérmelo ocultado y haber seguido liándose con ella cuanto quisiera, o acostarse con ella cuando quisiera.
Y no lo ha hecho.
Sí, no voy a mentir, que tu amor se bese con otra duele, aunque tenga todo el derecho del mundo y tú supieras que lo iba a hacer.
Pero ha sido sincero. Ha dicho que me quiere y que a quien quiere es a mí.
Y, llamadme idiota, yo le creo. Le quiero creer.
Ha sido un acto muy valiente contármelo, y acompañarlo de mil ''te quiero'' y ''con quien quiero estar es contigo'' 
Acto seguido, ha llorado. Sí, no me lo esperaba. Al principio creí que se reía, pero no. Lloraba.
Por mí.
Eso ha hecho que se me pare el corazón.
Un hombre. Llorando por mí.
¿Cuándo he visto yo eso?
Y yo también he llorado, no cabía duda alguna, ¿no? Se sabía.
Ha llorado por mí y porque no quiere que lo que ha hecho nos afecte. Y porque me quiere y me echa de menos y sufre por verme.
Exactamente lo que yo siento por él.
Me he sentido muy, muy correspondida.
Así que, ¿cómo no queréis que esté enamorada de él? De él, que no solo me hace feliz, sino de quien soy motivo de felicidad. Del primero que llora por mí.
Llamadme loca, pero esto va hacia adelante. Le quiero, y él a mí. Y haré lo que sea por conservarle, por hacerle feliz; incluso cuando ya no pueda retenerle más junto a mí y tenga que volar hacia otros brazos; incluso entonces, estaré luchando por su felicidad.


Dejar por escrito que no voy a abandonar. (Vis a vis de Leiva)

No hay comentarios:

Publicar un comentario