Hoy, mi entrada va para alguien.
Va para alguien a quien quiero de una manera jodidamente especial.
Como nunca había querido a nadie. Muy, muy, muy diferente a todo lo que había imaginado de tipos de querer.
Alguien que ha estado ahí y me ha aguantado en mis días de mucho pavo, en mis días deprimida, en mis días enfadada, en mis días romántica.
Alguien con quien he reido, he llorado, le he gritado, me he chocado con la realidad y me ha vuelto a montar en una nube.
Alguien con quien tengo una telepatía muy especial. Sobretodo, musical.
Que descubre grupos a la vez que yo, que pone la misma canción que yo sin saberlo, que me acompaña al piano cuando cometo aberraciones con canciones preciosas y canta conmigo.
Va para alguien ha quien, de pequeña, he pegado. Sí, le hacía bullying y, a demás, le quería.
Alguien con quien me he saltado clases, alguien que me hace caminar hasta que me salen ampollas en los pies, alguien que se revuelca conmigo en las olas, y que se marea conmigo en la rueda de un parque.
Va para alguien que cuando me abraza se para el mundo. Se para.
Que cuando hunde la cara en el hueco de mi cuello me reconforta.
Que cuando me achucha se me para el corazón un momento.
Que cuando me da un beso me siento lo más afortunado del mundo.
Javi, no sé qué tengo contigo.
Te quiero, muchísimo, no como un amigo, no como un novio, no como un hermano. Como a tí.
Y es que eres diferente. Eres alguien muy muy muy especial.
Cada uno tiene sus vicios, el mío: Francisco Javier Rodas Sánchez.
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