No paran de poner su maldita canción allí por donde paso, no dejan de felicitarme lo bien que salió y lo bien que lo hizo.
Me agobio, me dan ganas de llorar; esto es muy injusto.
Él es muy injusto.
No paro de oír su voz, de escucharle hablar en mi cabeza.
Intento imaginar que puede estar ocurriéndole por dentro y no lo sé.
Intento imaginar por qué y no lo sé.
Intento ver la solución; el resquicio, la trampa, el cartón.
Pero no hay.
No dejo de intentar comprender, ponerme en su lugar. Pero no puedo, yo jamás lo habría hecho como él. Y sin embargo así lo hace y no sé porqué demonios.
Me harto de esperar y me digo que ''pasando'' pero no dejo de comprobar si hay algún ademán por saber de mí.
No lo hay, el tiempo se agota pero no sé hacia donde me lleva.
De alguna manera tiene esto que acabar, pero ni veo el final ni se me ocurre uno que me haga feliz.
Intento decirme que tengo que olvidar pero llevaba tanto tiempo sin una ilusión que esta la cogí con ganas y eso es peligroso...
Miento, si que se me ocurre; pero sé que ese es exactamente el que primero deba descartar.
Luego veo a otro, ¡menudo otro! Uno que me mira y enciende todas mis terminaciones nerviosas, uno que me hace pensar las ordinarieces más jodidamente verdes que os podáis imaginar, pero ni eso; ni eso. Ni eso puede competir con su sonrisa y con su voz.
Con su manera de ser un imposible y un deber todo a la vez.
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