Yo,
nunca una,
siempre mil.
Con mil caras,
mil razones,
mil reflejos,
reflejos de un,
mí misma
más profunda,
siempre alojada
en el entrecejo.
Yo,
siempre mil,
y jamás una.
Bipolar hasta el
extremo más bizarro.
Yoes antiguos que
me siguen desde lejos;
juzgando cada aliento
y cada paso.
Yo,
siempre mil,
y siempre una.
Impredecible y
destartalada.
De una misma
piedra modelada.
De un mismo
corazón apasionada.
Yo,
compleja maraña
de (s) esperanza.
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