sábado, 5 de mayo de 2012

Tengo que dejar la droga.

Yo,
nunca una,
siempre mil.
Con mil caras,
mil razones,
mil reflejos,
reflejos de un,
mí misma
más profunda,
siempre alojada
en el entrecejo.

Yo,
siempre mil,
y jamás una.
Bipolar hasta el
extremo más bizarro.
Yoes antiguos que
me siguen desde lejos;
juzgando cada aliento
y cada paso.

Yo,
siempre mil,
y siempre una.
Impredecible y
destartalada.
De una misma
piedra modelada.
De un mismo
corazón apasionada.

Yo,
compleja maraña
de (s) esperanza.

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