Yo soy de esas que son muy tontas. Sí, y no me lo callo.
Yo soy de esas a las que les gusta la adrenalina, la risa, las maripositas en el estómago, la sensación de que el corazón se te sale por la boca.
Soy de esas que hacen tonterias como tirarse de un acantilado de unos 12 metros al mar, de esas que sueñan con tener una Harley Davidson negra y plateada y correr al máximo sin casco para que le ondee el pelo al viento.
De esas que valoran más un abrazo bien dado que el beso más largo del mundo.
Pero que adora los besos hasta un extremo enfermizo.
De esas que si besan muerden, si ríen es hasta llorar, si corren es hasta no poder más y si respiran no es solo para vivir, sino para sentirse vivas.
Soy de esas que miran mucho a los ojos.
De las que lloran con frecuencia, pero que a veces pueden parecer tremendamente fuertes.
Soy de esas que adoran los pequeños detallitos de la vida.
De esas que de los bichos, arañas, serpientes, lagartijas y medusas dicen: ¡Qué mono!
Soy niñas de esas que no hay, raras, distintas. Que a veces sienten que nadie las comprende y probablemente sea así.
Soy de esas niñas que me gusta ir con una cara feliz por la vida.
De esas que no saludan diciendo: Hola. Sino con una sonrisa sincera o con una efusividad a veces excesiva dando abrazos y besos a todo el mundo.
Soy de esas niñas a las que a veces les da igual ir un poco despeinadas, o que no le peguen los zapatos.
Pero que también me gusta sentirme guapa y arreglarme un poquito.
Soy de esas niñas que con un chiste malo y una canción que cantar, soy feliz.
Pido poco, o eso dicen algunos. Pero yo pienso que soy exigente, porque lo que yo pido no me lo da nunca nadie. Y los que me lo dan, luego me lo quitan.
Pero que se le va a hacer, si yo soy una niña de esas.
Esta soy yo. Y no hay otra.
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