martes, 28 de febrero de 2012

Deshacer; rehacer


Un día entré en la tienda de vidas. Esa en la que el dependiente conoce la vida de todos, y te regala cambios y nuevas vidas, a cambio de una buena razón para ello.
Entré y, sorprendido, me reconoció.
- Olivia, -me saludó- ¿qué haces tú por aquí?
-Pues ya ves- dije algo malhumorada- vengo a hacer lo que todos.
Él pareció extrañado, como si no entendiera. Rebuscó algo en su ordenador y luego volvió a dirigirse a mí. Con la expresión aún más preocupada en el rostro.
-Pero.. ¿tú no eres esa que tiene la vida perfecta?
-Sí, soy yo. Mi vida es absolutamente perfecta.
-Pero, has venido.
-Sí, he venido. Necesito algo.
-Bueno, pero... tu vida es perfecta, ¿que quieres?
-Pues no se. Lo quiero todo, todo lo que no podría pedir. Quiero todo lo que no tengo, sea bueno o malo. Porque esto será perfecto, pero no me gusta.
Me miró como flipándolo. Y yo le puse mala cara. ¿Es que nadie puede desear el fin de su existencia como tal?
- Pero... ¿Por qué? Tú eres una muchacha excelente educada y bastante lista.
Entonces sí que puse mala cara y solté.
-Pues no quiero ser una muchacha excelente, educada, ni lista. Quiero ser una mala influencia, una borde, una estupida, ser tonta y no saber ni leer. Que todo el mundo me mire y nadie quiera ser como yo. Eso es lo que quiero ser.

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