Que yo podría darle todos los caprichos, todas las caricias, todas las sonrisas que el podría pedir.
Podría ser exigente, que yo sería capaz de dejarlo boquiabierto una y otra vez con mis detalles e inventos.
Que podía hacerse el duro, pero yo lo volvería a ablandar con cientos de besos y cosquillas.
Que podría dejarme después de todo eso, pero a los dos días se daría cuenta de que me necesita y que soy yo quien le hace sonreír.
Que puedo ser salvaje, ser dócil, o agresiva.
Que puedo ponerme tierna, pero que después me vuelvo un bicho.
Que le haría mil diabluras, y que no se enfadaría; porque pondría mi carita de niña buena y podría oponer resistencia a mis ojitos.
Porque yo podré ser muy puta; pero cien por cien leal si es cierto que me gusta, y lo es.
Que podré ser con él una zorra y una cabrona; pero que no me niegue que se le cae la baba cuando lo soy.
Que él tenga su espacio y yo el mío; pero que confíe en mí y cuente conmigo para sacarle de algún apuro: que si hay que partir un par de caras, se parten; y si hay que quitar unos cuantos carnets de padre, se quitan.
Que no intente comprarme con regalos caros, pero que se acuerde de mi cumpleaños y me lleve a un sitio bonito a decirme que me quiere.
Porque me querrá.
Porque voy a sacar tantos encantos que tendrá mono de mí.
Porque voy a dejarlo pisando el suelo que piso en cuanto me dé la más mínima oportinidad.
¿Que podrá ser tan tonto como para perderse todo esto? Sí.
Pero no de forma consciente porque: ¿que si supiera todo lo que rechaza se arrpentiría de hacerlo? También!
No hay comentarios:
Publicar un comentario